España afronta veranos cada vez más severos. Los avisos rojos de AEMET por temperaturas extremas han dejado de ser una excepción y se han convertido en un fenómeno recurrente con un coste real en vidas humanas. Las olas de calor extremas son hoy uno de los principales riesgos de salud pública asociados al cambio climático en nuestro país. Conocer y aplicar unas pocas medidas básicas puede marcar la diferencia entre un verano seguro y una emergencia médica evitable.
Por qué una ola de calor extrema es un riesgo de salud pública
Cada verano, los servicios de urgencias y los sistemas de vigilancia epidemiológica registran un repunte significativo de la mortalidad coincidiendo con los episodios de calor más intensos. El sistema MoMo (Monitorización de la Mortalidad Diaria) del Instituto de Salud Carlos III estima cada año varios miles de muertes prematuras atribuibles al exceso de temperatura en España, situando las olas de calor entre los eventos meteorológicos con mayor impacto sanitario.
El riesgo no se distribuye de forma homogénea. Personas mayores de 65 años, bebés, embarazadas y personas con enfermedades crónicas (cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes), así como quienes toman medicación habitual o trabajan al aire libre, presentan un riesgo significativamente mayor de sufrir patología grave por calor.
AEMET emite avisos por temperaturas extremas mediante un sistema de cuatro niveles — verde, amarillo, naranja y rojo — en función de la probabilidad y la intensidad del fenómeno. Cuando el aviso es naranja o rojo, las medidas preventivas dejan de ser una recomendación: son una obligación de autocuidado y, en el ámbito laboral, una obligación normativa de la empresa tras el Real Decreto-ley 4/2023.
Seis acciones básicas para protegerte
Estas son las seis medidas que, aplicadas con rigor, reducen drásticamente el riesgo de sufrir patología por calor durante un episodio extremo. Funcionan mejor combinadas: cada una potencia el efecto de las anteriores.
1. Hidrátate sin esperar a tener sed
La sed es ya un signo de deshidratación, no un mecanismo de alerta precoz. Durante una ola de calor, bebe agua fresca con regularidad a lo largo de todo el día, en pequeñas cantidades y con frecuencia, sin esperar a sentir necesidad. La recomendación general son entre 1,5 y 2 litros diarios, cantidad que debe aumentarse cuando hay sudoración intensa por actividad física o por exposición al calor.
Evita el alcohol, el café en exceso y las bebidas muy azucaradas durante la jornada: todas ellas favorecen la deshidratación. El agua fresca (no helada) es siempre la mejor opción. Las bebidas isotónicas pueden ayudar en situaciones de sudoración profusa o esfuerzo físico mantenido, pero no sustituyen al agua.
2. Evita las horas centrales del día
Las temperaturas máximas se alcanzan habitualmente entre las 14:00 y las 17:00, pero la combinación de calor acumulado y radiación solar hace que el periodo más crítico se extienda desde las 12:00 hasta las 17:00. Planifica desplazamientos, compras y cualquier actividad al aire libre fuera de esta franja: a primera hora de la mañana o, preferiblemente, a partir del atardecer.
Si tienes que salir en las horas centrales, busca sombra siempre que sea posible, hidrátate antes y durante el desplazamiento y reduce al máximo cualquier esfuerzo físico. El ejercicio intenso al aire libre (correr, ciclismo, deportes de raqueta) queda excluido durante una ola de calor en horario diurno.
3. Vístete ligero y protégete del sol
La ropa adecuada es una protección activa contra el calor. Elige prendas ligeras, holgadas y de colores claros, en tejidos naturales (algodón, lino) o técnicos transpirables. Una gorra o sombrero de ala ancha protege la cabeza y la nuca; las gafas de sol con protección UV 400 evitan daños oculares por exposición prolongada.
La crema solar de factor de protección 50+ no es una opción: es imprescindible en toda piel expuesta, con reaplicación cada dos horas y siempre tras sudar o mojarse. Recuerda zonas frecuentemente olvidadas: orejas, nuca, empeines y dorso de las manos.
4. Mantén tu casa fresca
El hogar es el principal refugio frente al calor extremo, pero solo si se gestiona correctamente. Durante las horas de sol, mantén las persianas bajadas y las ventanas cerradas en las orientaciones más expuestas; el objetivo es impedir la entrada de aire caliente y de radiación. Ventila por la noche y al amanecer, abriendo de par en par para favorecer la circulación cruzada de aire fresco.
Si dispones de aire acondicionado, una temperatura de consigna entre 24 y 26 °C es suficiente para la mayoría de las personas y reduce el consumo. Si no, los ventiladores ayudan a percibir menor temperatura corporal por evaporación, especialmente si se combina con paños húmedos sobre el cuello o las muñecas. Identifica desde el inicio del verano la estancia más fresca de la casa: será tu refugio en los días más severos. Y reserva una ducha fresca (no fría) a media tarde: baja la temperatura corporal de forma rápida y efectiva.
5. Vigila a las personas más vulnerables
Los colectivos de mayor riesgo son personas mayores que viven solas, bebés, embarazadas y personas con enfermedades crónicas o medicación habitual. Muchas de estas personas no perciben la sed con normalidad, tienen dificultades para tomar medidas por sí mismas o no son conscientes de la severidad del episodio.
Llama o visita a diario a las personas mayores de tu entorno durante una ola de calor. Comprueba que están hidratadas, que la vivienda está fresca, y que reconocen los síntomas de alarma. Una llamada de dos minutos puede prevenir una emergencia. Si tienes a tu cargo personas con dependencia o niños pequeños, intensifica la vigilancia y la oferta activa de líquidos.
6. Reconoce las señales de alarma
Los síntomas precoces de patología por calor son: dolor de cabeza, mareo, náuseas, calambres musculares, debilidad intensa y sudoración profusa. Ante cualquiera de ellos, retira al afectado del calor inmediatamente, busca sombra, refresca con agua y proporciona descanso e hidratación.
Los síntomas de un golpe de calor son una emergencia médica con riesgo vital: piel caliente y seca (sin sudoración), temperatura corporal muy alta, confusión, desorientación, convulsiones o pérdida de conocimiento. En este escenario, cada minuto cuenta.
Cómo actuar ante un golpe de calor: para, refresca, llama
Si ves a alguien con piel caliente y seca, confusión o desmayo en un contexto de calor extremo, activa de inmediato la cadena de respuesta. El tiempo hasta el inicio del enfriamiento activo es el principal determinante del pronóstico.
PARA. Retira al afectado del foco de calor. Trasládalo a una zona fresca, sombreada y bien ventilada. Aflójale la ropa y retira cualquier prenda que dificulte la disipación del calor.
REFRESCA. Aplica paños húmedos con agua fresca en cuello, axilas e ingles. Rocía la piel y abanica o ventila activamente. Si está consciente y orientado, ofrece agua o bebida isotónica en pequeños sorbos. Si presenta cualquier alteración de la consciencia, no le des nada por boca.
LLAMA al 112. No esperes. El golpe de calor es una emergencia con mortalidad significativa si no se trata en los primeros minutos. Hasta que llegue la asistencia, mantén el enfriamiento activo de forma continuada. Si pierde la consciencia, colócalo en posición lateral de seguridad. Si cesa la respiración, inicia maniobras de RCP.
Si trabajas al aire libre: la obligación empresarial tras el RDL 4/2023
Los sectores con mayor exposición laboral al calor — construcción, agricultura, hostelería, limpieza viaria, jardinería, reparto urbano — concentran una proporción significativa de los siniestros por calor cada verano. La exposición prolongada al sol, la carga física elevada y, en muchos casos, el uso de EPI que dificultan la termorregulación convierten estos puestos en los más expuestos al riesgo.
Desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 4/2023, de 11 de mayo, las empresas están obligadas a adaptar las condiciones de trabajo o suspender la actividad cuando concurran fenómenos meteorológicos adversos que comprometan la seguridad de la plantilla, sin perjuicio de la retribución de los trabajadores afectados.
La obligación es escalonada y clara: ante aviso naranja de AEMET, adaptación del horario y supresión o reorganización de tareas pesadas en las horas centrales del día; ante aviso rojo, suspensión de los trabajos al exterior, salvo que existan medidas extraordinarias documentadas (trabajo nocturno, sombreado estructural integral, presencia médica) que garanticen efectivamente la protección. La Inspección de Trabajo y Seguridad Social está prestando atención específica al cumplimiento de esta obligación durante los periodos estivales.
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